Acuerdo con las Farc pudo ser mejor: Juan Carlos Pinzón
Acuerdo con las Farc pudo ser mejor: Juan Carlos Pinzón
Fecha publicación: 4/Jul/2017

Ex embajador de Colombia en EEUU, Juan Carlos Pinzón

El ex embajador de Colombia en los Estados Unidos, Juan Carlos Pinzón le salió al paso al presidente Juan Manuel Santos tras las declaraciones en las que rechazaba sus criticas con respecto a la jornada de dejación de armas celebrada la semana pasada en una zona veredal del municipio de Mesetas en el Meta. 

Pinzón emitió un comunicado público en el que asegura que sus criticas nunca han ido en contra el mandatario de los colombianos, sin embargo señala que el acuerdo de paz logrado con la desarmada guerrilla de las Farc “pudo ser mejor”. 

En la misiva de diez puntos también puntualiza que “las criticas al acuerdo, no pueden ser vistas como ataques a la paz”, además reitera que “le queda claro que las Farc no hicieron entrega total de las arma”. 

“La reciente entrega de armas por parte de las Farc es un hecho muy positivo para el país y el resultado más importante para la sociedad de los acuerdos con esa organización. Que si las Farc entregaron el ciento por ciento de las armas, me queda claro, luego de todas las explicaciones, que la respuesta es que no”, expresa en el escrito. 

De esta misma manera aclara que no tiene interés de buscar enterramientos y que por el contrario “quiere ayudar a dar ejemplo al no responder a ataques personales”. 

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A continuación el comunicado completo: 

Declaración pública de Juan Carlos Pinzón Bueno a los colombianos

Julio 4 de 2017

1. Regreso hoy a Colombia de manera definitiva. Lo hago lleno de optimismo, convencido de que tenemos un futuro brillante como Nación. Estoy seguro del potencial de nuestra gente, de nuestros recursos, de nuestra cultura, de nuestra diversidad, para mejorar las oportunidades y la calidad de vida de todos los colombianos. Colombia es cada vez mas reconocida en el exterior. He visto como la historia de las últimas décadas del país es comentada con admiración en el mundo. Soy testigo de excepción del respeto que se tiene a nivel internacional por nuestras Fuerzas Armadas. Hoy se reconoce lo positivo de nuestra gente y sabemos que podemos lograr metas colectivas cuando construimos consensos entre todos.

2. Pero la polarización está acabando con la capacidad de diálogo de nuestra sociedad. Cada opinión es descalificada como proveniente de un sector, cómo si la gente estuviera en la obligación de pertenecer a un bando, o sus necesidades o las de sus hijos fueran de izquierda o de derecha. Los sectores en contienda buscan posiciones absolutas y unánimes. Esto ha empezado a erosionar la estabilidad de las instituciones y su capacidad de resolver los problemas prácticos de los ciudadanos.

3. Creo que es necesario romper esa polarización destructiva y construir nuevos consensos alrededor de las reglas de juego que estamos dispuestos a acatar todos para lograr el bienestar colectivo. Necesitamos autoridad sin autoritarismo, un orden que sea democrático e inclusivo, que promueva los intereses de las mayorías y proteja los derechos de las minorías. Que permita enfocar todos los esfuerzos en las necesidades que tiene la gente, y no en las confrontaciones ideológicas y políticas.

4. Frente a los acuerdos con las Farc, siempre he estado convencido de la legitimidad del uso de la fuerza para proteger a los ciudadanos de la violencia, así como de la conveniencia de negociar para alcanzar acuerdos de paz. Pero eso si, con la premisa de hacerlo desde una condición de fortaleza del Estado y orientado en la conveniencia de los ciudadanos por encima de quienes estaban en actividades criminales.

Con consistencia absoluta y total profesionalismo, siempre expresé puntos de vista en esta línea, en las funciones que me correspondieron o cuando se me consultó alguna opinión. Mi criterio trascendió y fue público en asuntos como usar todas las capacidades de las Fuerzas Armadas para perseguir las actividades criminales, confrontar el narcotráfico y dar seguridad jurídica a los miembros de la Fuerza Pública, entre otros.

5. Lo he dicho antes: creo que el acuerdo se pudo hacer mejor. Pero eso ya es historia. Ahora hay un compromiso que es obligación legal. Hay que cumplirlo, y hacerlo cumplir sin dudar. Honrar el heroísmo, las victorias y el sacrificio de nuestras Fuerzas Militares y de Policía no sólo es justo, sino consecuente con la historia. Por supuesto que se debe reconocer el beneficio de los esfuerzos de pacificación para la sociedad colombiana, y así mismo, es necesario ponderar de manera pragmática los retos y complejidades que dejan los acuerdos para así determinar los ajustes que se puedan requerir. Al país no le conviene elegir una opción que nos condene a otros cuatro años de polarización destructiva alrededor de este tema, lo que impediría concentrarnos en la verdadera paz social, esa que se hace con todos los colombianos. Esto demanda una nueva generación de líderes que no estén contaminados por esa polarización destructiva.

6. Las críticas a los acuerdos, no pueden ser vistas como ataques a la Paz. Todo lo contrario, deben mirarse como aportes buscando que sean convenientes para la mayoría de los colombianos. Por ejemplo, la reciente entrega de armas por parte de las Farc es un hecho muy positivo para el país y el resultado más importante para la sociedad de los acuerdos con esa organización. Que si las Farc entregaron el ciento por ciento de las armas, me queda claro, luego de todas las explicaciones, que la respuesta es que no. Y por ello, es bueno ser capaces de exigirlo pensando en la paz y seguridad de los colombianos. Al Gobierno le conviene que eso se demande por parte de una sociedad activa en defensa de sus intereses. Los acuerdos con las Farc no pueden significar compartir la agenda política de las Farc y sus sectores afines. De hecho, demanda vigilancia permanente para que se le cumpla a los colombianos, para que esa paz sea real y sostenible. Son 15 mil personas las que se deben adaptar a casi 50 millones, y no 50 millones ajustarse a 15 mil.

7. Nunca he hecho crítica alguna a la persona del Presidente de la República, por él y su familia tengo múltiples razones de gratitud, lealtad personal, reconocimiento a sus esfuerzos, y respeto por la dignidad de la institución presidencial. Frente a inferencias a mi nombre en sus declaraciones recientes, simplemente afirmo que no me parece correcto descalificar a nadie de manera personal por expresar opiniones divergentes en temas de interés público. Mantendré una postura crítica y transparente en asuntos de política pública que crea inconvenientes para
los colombianos. Siempre lo hice cuando trabajé en el gobierno, y así lo seguiré haciendo.

8. Colombia debe estar por encima de todo. No tengo interés en buscar enfrentamientos que vayan en contravía de ese objetivo. Quiero ayudar a dar ejemplo al no responder a ataques personales. Hacerlo seria noticioso, pero no es para nada importante. Los colombianos estamos cansados de la polarización y la destrucción mutua, cuando deberíamos dedicar todas esas energías en acabar con los violentos y en construir el mejor futuro posible para todos.

9. Tengo eso si, todo el interés y deseo de continuar una conversación activa con los colombianos, de escuchar sus preocupaciones, de poner toda mi disposición y experiencia en el Estado y como economista, para resolver los problemas prácticos que tiene la gente de a pie. Debemos construir nuevos consensos que promuevan la inversión y la generación de empleo e ingresos; una sólida inversión en las mujeres y sus hijos en los primeros años de formación cognitiva; en una educación que dé herramientas para el trabajo; una salud que no sea selectiva contra los
pobres; en hacer efectivos los dividendos de la paz en seguridad urbana y rural, aprovechando la experiencia de trabajo al lado de nuestros militares y policías; en dar un salto en tecnología e infraestructura para la competitividad del país, a tono con la llamada cuarta revolución industrial que vive la humanidad; en una modernización de la justicia y una lucha sin
cuartel contra la corrupción. Priorizar los retos y la necesidades de la gente, es lo que viene.

10. Fui educado para amar y defender a Colombia. Regreso porque siento el deber y el compromiso de servir al país. Y como reza la oración patria, hacerlo impulsado por la ambición más grande, que es la de llevar con honor el título de colombiano, y así ver una Colombia para todos que sea grande, respetada y libre.

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